jueves 18 de agosto de 2022 - Edición Nº1159

Sector Inmobiliario | 3 ago 2022

Real Estate

Se puso en venta “El Castillo” por casi 4 millones de dólares

Es el histórico edificio de cinco niveles que albergó la planta alimenticia FINACO y donde en la década del ´80 se proyectó un museo de automóviles.


El histórico edificio de la empresa FINACO -conocido como “El Castillo”- acaba de salir a la venta a través de Remax por un monto de 3,8 millones de dólares.

El inmueble, propiedad de Nilda Aquino Arzamendia, está ubicado en un punto estratégico entre la Ruta nacional 3 y la Ruta nacional 205, cerca de la Ruta 6 y la autopista Ezeiza- Cañuelas. Para los automovilistas de paso, su imponente estructura con chimenea es como un faro que identifica a Cañuelas.

De acuerdo a la publicación de Remax, el inmueble se encuentra ubicado sobre un predio de 4.861 m2. Consta de cinco pisos con una superficie de 1804 m2 en planta baja, 1498 m2 en primer piso, 1219 m2 en el segundo, y 175 m2 en el tercero, cuarto y quinto.

La operación se encuentra a cargo de los corredores Martín Manías y Eric Merres, con el asesoramiento técnico de Ariel Morales. Este último habló y confirmó la operación de venta iniciada hace pocos días.

“Es muy reciente y todavía no han aparecido candidatos. Es un edificio ubicado en zona comercial que por su ubicación puede tener cualquier destino. No sabemos si la estructura se podrá conservar, habría que hacer cateos para verificarlo, pero a simple vista está muy sólido” dijo Morales.

Agregó un dato hasta ahora desconocido: que hay un subsuelo de 600 m2 y que habría cinco subsuelos más, los que se encuentran inundados.

LA HISTORIA DE UN ÍCONO CAÑUELENSE

La monumental construcción ubicada junto a las vías del ferrocarril fue inaugurada en 1932 por Gustavo Eugenio Artaux, industrial nacido en Francia el 30 de diciembre de 1886, especializado en elaboración de alimentos deshidratados.

En sus inicios FINACO se concentró en la producción de leche y huevo en polvo, producto que se exportó en grandes cantidades hacia Irlanda e Inglaterra durante la segunda Guerra Mundial, con destino a las tropas que combatían en el frente. 

La planta, que llegó a contar con más de 400 empleados, tenía capacidad para procesar 80 mil litros diarios de leche y de 70 a 80 mil docenas de huevo. 

También fabricó dulce de leche comercializado bajo la marcha “Che Roga” (´mi casa´ en guaraní); mate cocido con leche “Yerbalet” y “Matelet”; cacao “Yumil” y “Ski-Sito”. Asimismo, elaboraba una línea de productos denominaba “Khiber” que incluía té en hebras, dulce de batata, dulce de membrillo, jaleas y mermeladas.

Artaux fue propietario de importantes extensiones de campo en la localidad de Serrano, al sur de Córdoba, de donde procedían hierbas que se utilizaron para la fabricación de productos medicinales naturales. A partir de la década del 50 incursionó en el desarrollo de estos productos con marcas como Fibaber, Lactofin, Acitrinol, Aciberol y Digesterol. Se dice que fue el creador de la fórmula del Reliverán, luego vendida a un laboratorio internacional.

A mediados del siglo pasado contó con una usina de acopio de leche en Gobernador Udaondo (donde había decenas de tambos) y una sucursal en Trenque Lauquen.

Tras ser expropiada por el gobierno de Juan Domingo Perón, fue transferida a IMFASA, una firma nacional dedicada a la importación de películas fotográficas alemanas que se vendían fraccionadas bajo la marca Wena. 

Se cree que el titular de IMFASA, Guillermo Woters, era testaferro del vicepresidente de Perón, Alberto Teissaire. En 1956 Woters fue impedido de operar por la llamada “Revolución Libertadora” hasta que en 1961 el presidente Arturo Frondizi le restituyó la planta. 

En 1965 presentó quiebra siendo rematada por el Juzgado Nacional en lo Civil y Comercial Nro. 3 de la ciudad de Buenos Aires en el marco de la causa “Banco Industrial de la República Argentina contra IMFASA s/ ejecución hipotecaria”. Las versiones aseguran que el edificio cayó en manos del empresario Jorge Antonio, aunque permaneció abandonado durante casi tres décadas. 

En 1986 el inmueble fue adquirido por el empresario Néstor Corsi, en esos años propietario del salón “La Biela” de Ezeiza, donde exponía autos clásicos de la marca Ford y otros elementos vinculados a la industria automotriz.

La intención de Corsi, ligado al menemismo, era crear en Cañuelas el principal museo de autos clásicos de Sudamérica con exposición de distintos modelos y un parque de plantas tropicales. Incluso se planificó una cadena de montaje de un Ford T similar a la que ideó Henry Ford en Estados Unidos. El proyecto, anunciado en 1989, se hallaba a cargo de “Napoleón S. A.”, una sociedad que figuraba a nombre de su esposa, Nilda Aquino Arzamendia.

En esa etapa se realizaron algunas obras menores como el recorte con almenas para darle el perfil característico de un castillo medieval, de donde surgió su actual denominación, pero el Museo no prosperó por problemas familiares: Corsi y Aquino se separaron y el proyecto quedó definitivamente relegado. Pasaron varios años hasta que se transformó en un tenedor libre (todavía permanece en lo alto de su fachada el precio del plato, $ 3,50) y luego en una bailanta a cargo de Ricardo Magallán.

Corsi se radicó en Córdoba donde se dedicó a las terapias alternativas. En 2012 fue detenido por ejercicio ilegal de la medicina tras una denuncia impulsada por el Colegio de Médicos de la Provincia de Córdoba. Luego de pasar casi tres años en prisión, fue excarcelado a fines de 2014. Actualmente continúa en Capilla del Monte, donde erigió una especie de santuario energético de piedra, tal vez un espejismo del monumental museo de automóviles que soñó en Cañuelas.

Fuente: Info Canuelas

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