Sector Inmobiliario | 7 mar 2026
Misterios, cómo es y cuánto vale vivir allí
El pasaje oculto de Colegiales que cumplió 100 años y es una joya arquitectónica
Construido en 1925 atraviesa una manzana, algo poco común en CABA, y conserva una vida comunitaria singular. Historia urbana, arquitectura ecléctica, relatos barriales y valores inmobiliarios se cruzan en uno de los enclaves residenciales más particulares de la Ciudad.
En pleno barrio de Colegiales, lejos del ruido constante de las avenidas y al margen de los circuitos urbanos más transitados, el Pasaje General Paz conserva una identidad propia que combina historia, arquitectura y vida comunitaria. A cien años de su construcción, el conjunto mantiene una fisonomía casi intacta y una dinámica cotidiana que lo distingue dentro del tejido porteño.
El pasaje es una vía peatonal privada que atraviesa una manzana completa y conecta Ciudad de la Paz 561 con Zapata 552. Se desarrolla sobre un terreno de 25 metros de frente y está conformado por dos cuerpos de tres niveles que flanquean un corredor central, con un cuarto nivel retraído y terrazas. En total, reúne 57 departamentos, además de dos locales comerciales sobre el frente de Ciudad de la Paz.
Pablo Bredossian, autor de un blog independiente dedicado a documentar con fotografías, relatos históricos y recorridos los pasajes, refugios urbanos y rincones ocultos de la Ciudad de Buenos Aires, describió al Pasaje General Paz como “probablemente el pasaje más fastuoso de la ciudad”. Señaló que su escala, su diseño ecléctico y la riqueza de detalles constructivos lo ubican en una categoría excepcional dentro del patrimonio residencial porteño.
El proyecto fue desarrollado en 1925 por el ingeniero Pedro A. Vinent, propietario original del terreno, y la obra estuvo a cargo de la empresa constructora Gustavo Taddía. Vinent concibió el conjunto como viviendas colectivas destinadas al alquiler, en un contexto de fuerte crecimiento demográfico impulsado por la inmigración. El diseño respondió a una tipología que buscó superar el modelo de conventillo, con unidades más amplias y espacios comunes que promovían la convivencia.
En sus orígenes, el pasaje funcionó como vía pública y figuró en planos municipales con el nombre de Isabel Sánchez Vinent, esposa del ingeniero. Con el tiempo, la denominación cambió y quedó asociada al antiguo nombre de la calle Ciudad de la Paz, que durante décadas se llamó General Paz. Recién hacia los años 70, el conjunto adoptó su condición actual de espacio cerrado, con rejas y horarios de acceso.
Desde el interior, el pasaje se percibe más como un gran patio que como una calle. La anchura del corredor central garantiza una circulación fluida de aire y una luminosidad natural constante.
Canteros bajos, macetas, faroles, bancos con mayólicas y balcones cubiertos de vegetación refuerzan una estética que muchos comparan con la de un patio andaluz, trasladado al corazón de Buenos Aires.
Por encima del corredor central, pequeños puentes de hierro forjado conectan ambos cuerpos del edificio en el segundo y tercer nivel. Estas pasarelas se ensanchan a modo de balcones y generan una secuencia visual única, con arcos y sinuosidades que definen la identidad del conjunto. La entrada por Ciudad de la Paz es la más impactante, con un gran arco de medio punto sobre el que se inscribe el nombre del pasaje.
Alicia Lidia Braghini, integrante de la Junta de Estudios Históricos de Chacarita y Colegiales, explicó que el valor urbano del Pasaje General Paz reside en su capacidad de sostener una tipología residencial que fomentó, desde el inicio, la vida comunitaria. Destacó el rol del patio central, las galerías en varios niveles y los balcones enfrentados, que generaron un diálogo permanente entre vecinos, clima y espacio construido.
Según Braghini, estos pasajes residenciales surgieron “como respuesta a una ciudad en expansión y a sectores sociales que comenzaban a mejorar su situación económica”.
El Pasaje General Paz logró conservar ese espíritu original, con un fuerte sentido de pertenencia que todavía se percibe en la dinámica cotidiana de quienes lo habitan.
La arquitecta Cylu Albuixech, vecina del pasaje desde hace décadas, señaló que el rasgo distintivo del conjunto es la sensación de vivir como en una casa, aun dentro de un esquema de vivienda colectiva. El acceso a las unidades se realiza desde balcones exteriores, lo que genera una relación constante con el espacio común y refuerza el vínculo entre los residentes.
Albuixech vive en una de las unidades de mayor superficie, ubicada sobre la arcada de acceso de Ciudad de la Paz. El departamento conserva elementos originales como techos altos, pisos de pinotea, puertas de madera maciza, grandes ventanales con vidrios repartidos y celosías de hierro. Con el crecimiento de su familia, unificó la vivienda con una unidad lindera que había funcionado como atelier de un artista, en una intervención que respetó la estructura original y priorizó la amplitud.
Esa lógica de adaptación se repite en otros casos. Varias unidades fueron unificadas de manera horizontal o vertical y algunas plantas bajas incorporaron entrepisos tras excavaciones que ampliaron la superficie habitable. Estos cambios no alteraron la identidad del conjunto, sino que reforzaron su carácter, con soluciones arquitectónicas que dialogan con el diseño original.
La vida cotidiana dentro del pasaje siempre tuvo un tono singular. Festejos de carnaval, celebraciones compartidas, juegos infantiles a lo largo del corredor y una convivencia basada en el conocimiento mutuo marcaron generaciones de residentes. Ese clima atrajo históricamente a artistas, músicos, arquitectos y profesionales ligados al mundo cultural.
Entre quienes vivieron o viven en el pasaje aparecen nombres ligados al mundo cultural, como la actriz Julieta Cardinali, el músico Andrés Calamaro y artistas plásticos como Marta Borel, Isabel Yous y Miguel Pérez Macías. A ese grupo se suman cineastas, psicólogos y profesionales creativos que eligieron este enclave por la combinación singular entre vida privada y una fuerte dinámica comunitaria.
Esa impronta cultural todavía define el perfil de quienes eligen vivir allí, atraídos por un equilibrio poco frecuente entre privacidad y comunidad.
El atractivo patrimonial también se refleja en el mercado inmobiliario. Martín Pinus, director de Martín Pinus Real Estate, detalló que actualmente se ofrece una unidad de 166 metros cuadrados, con cuatro dormitorios, dos baños, toilette, dependencia de servicio y dos cocheras cubiertas en un edificio vecino. La propiedad se ubica sobre Ciudad de la Paz al 500 y conserva aberturas y pisos originales, con techos de cuatro metros de altura.
El valor de venta ronda los US$550.000 y las expensas mensuales se ubican en torno a los $635.000. Pinus explicó que se trata de una unidad singular dentro de un micromundo de apenas 57 departamentos, con una planta que separa claramente el área social de la privada y privilegia la luz natural y la amplitud.
Más allá de este caso puntual, los valores dentro del pasaje varían según superficie, nivel de intervención y ubicación. Las unidades más pequeñas se comercializan por encima del promedio del barrio, impulsadas por la condición patrimonial, la baja rotación y el interés de un público que prioriza identidad urbana y calidad arquitectónica.
A diferencia de otros desarrollos históricos reconvertidos, el Pasaje General Paz mantiene una vida cotidiana activa y una identidad que se transmite entre generaciones. Regar las plantas, compartir charlas en los balcones o aprovechar un rato de sol en los puentes forma parte de una rutina que refuerza la sensación de habitar un espacio distinto dentro de la ciudad.
Para Bredossian, recorrer el pasaje implica comprender una forma de ciudad que resiste al paso del tiempo. Señaló que estos enclaves no solo cuentan una historia arquitectónica, sino también social, ligada a modos de habitar que hoy resultan excepcionales en Buenos Aires.
Pinus concluyó que vivir en el Pasaje General Paz no solo implica adquirir un departamento, sino integrarse a una historia urbana que se mantiene vigente a cien años de su creación.
Fuente: TN
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