miércoles 15 de julio de 2020 - Edición Nº395

Opiniones | 29 may 2020

La Plata post COVID-19

¿Cómo pensamos la ciudad que viene?

La transformación es básica. Pero Argentina no ha podido plasmar una planificación a lo largo de los años


 

Mg Arg Alejandro Casas

Profesor Titular UNLP

La ciudad ha sido a lo largo de la historia de la humanidad, la construcción física y cultural y que más nos ha caracterizado como especie. En ella, los seres humanos en sus diversas culturas, hemos plasmado nuestra cosmovisión como así también nuestras contradicciones más profundas. La arquitectura como disciplina, ha comenzado a estudiarla y pensar su futuro hace relativamente poco tiempo en comparación con aquellas primeras aglomeraciones urbanas mínimas de la Mesopotamia hace mas de 7000 años.

En su historia las ciudades, se han amoldado a la topografía, a las estrategias de defensa, a las de colonización e inclusive a las epidemias. Lo que hoy conocemos como resiliencia de una sociedad ha sido siempre el motor de los cambios físicos plasmados en la ciudad que devino luego de las tragedias. Yuval Noah Harari, el escritor e historiador israelí mas influyente en los últimos años, plantea que lo que nos ha hecho llegar hasta este punto como civilización, ha sido nuestra capacidad de cooperar flexiblemente y en grandes cantidades de individuos. Siempre esta condición nos ha permitido salir adelante. ¿Será esta la excepción?.

NUEVO DILEMA

Sin embargo esta construcción colectiva que hoy llamamos ciudad, por sus dimensiones ha sido el lugar donde este nuevo virus a calado más hondo y, a diferencia de otras veces lo ha hecho de manera equilibrada en todo el planeta. Esta ultima característica nos enfrenta ante un nuevo dilema. ¿Como deberán ser nuestras ciudades de aquí en adelante?.

El debate sobre la ciudad estuvo siempre tensionado por el derecho individual de disfrutar del sol y el verde, ese modelo bucólico de la vida rodeado de naturaleza pero disfrutando de los privilegios de la ciudad, y la ciudad densa, abigarrada y de una aparente vorágine que poco permite el disfrute de sus bondades. La venta de una imagen de "ciudad verde", es un producto imaginario que tapiza el territorio, en desmedro del suelo productivo que nos da nuestro alimento.

Actualmente el suelo disponible para desarrollar CIUDAD en el planeta, según la FAO, es del 0,003% de la superficie o sea unos 1,5 millones de km2. Parece mucho pero no lo es, para una población cercana a los 8000 millones de habitantes. Una ciudad, no son solo viviendas, contiene calles, avenidas, parques, plazas, autopistas, edificios institucionales, escuelas, hospitales y muchísimas más superficies para usos diversos que achican aun más la superficie disponible. Es por esto que pensar en una ciudad donde todos podamos disfrutar de un terreno amplio donde vivir es muy a nuestro pesar una utopía.

En Argentina en particular, el proceso de urbanización ya se produjo en gran medida. Hoy viven en aglomeraciones pequeñas medianas y grandes el 96% de la población (Banco Mundial). Para tener un paralelismo, en China solo el 50% vive en ciudades, esto determina que para los próximos años 700 millones de habitantes migraran a las ciudades. Debemos pensar entonces, en nuestro país, como transformar nuestras ciudades, no como construirlas.

DESAFIO

La pandemia ha expuesto la debilidad de nuestro tiempo. El mundo entero ha flaqueado frente a tamaño desafío. Los sistemas de salud son insuficientes, la solidaridad escasea en muchos casos y la única medida eficiente es el confinamiento y el distanciamiento físico. En este contexto, nuestras ciudades ,¿pueden transformarse?. Lo primero que parecen necesitar es una dirigencia que vea el problema. Si la clase política no reconoce que las ciudades que tenemos son inviables ambiental, física y socialmente es muy difícil poder hacer grandes transformaciones.

Esto, que parece básico, nunca se ha podido plasmar. Es por ello que hoy tenemos gran parte de la población de la Argentina viviendo en una pequeña porción de su territorio. No se ha podido plasmar una planificación inteligente a lo largo de los diversos gobiernos democráticos.

Por otra parte, la generación de conocimiento en el ámbito de las Universidades Nacionales y de los Centros de Investigación, en lo referente a la planificación y desarrollo territorial han sido ignorados sistemáticamente. En nuestra región, la UNLP, los Municipios y el CAPBA (Colegio de Arquitectos) hace años que no tienen diálogo ni colaboración.

Parece que la máxima de Harari en nuestro caso no ha sido el ejemplo y los resultados están a la vista. La gran demostración es que La Plata tiene en el casco fundacional una relación de espacio público vs espacio privado de las más altas del mundo (21%) y en la periferia esa misma proporción se derrumba estrepitosamente. Solo recibe del casco urbano las vías de circulación, pero ha perdido el gran valor de nuestra ciudad, que fue la cantidad y calidad de plazas y parques dispuestos de manera equilibrada y democráticamente en su distribución.

Pero si volvemos a la pregunta inicial: ¿cómo será nuestra ciudad en los próximos años? Varias serán las respuestas, pero en algunos aspectos los urbanistas de todo el mundo están de acuerdo. Para que una ciudad sea sustentable debería por lo menos cumplir con cuatro reglas fundamentales:

1- Maximizar la cantidad y la calidad del espacio público por habitante: esto quiere decir que debemos abrir nuevos espacios públicos ahí donde no hay y que debemos dotarlos de mejor calidad de equipamiento. Además garantizar la reserva futura de estos vacios para poder lograr su futura implementación.

2- Descentralizar usos y servicios: para evitar los grandes movimientos en trasporte privado y público por un lado y para equilibrar las diferentes zonas, permitiendo romper los desequilibrios que el mercado genera.

3- Lograr una gestión ambiental eficiente: a partir del manejo de los residuos sólidos urbanos y su tratamiento como también a partir del tratamiento de efluentes industriales y domiciliarios. Desde ya que esto viene de la mano de garantizar que todos sus habitantes gocen de los servicios básicos en un plan sustentable en el tiempo. Nuestros ejemplos son por lo menos vergonzozos. Nuestros residuos sólidos no se separan ni se reciclan, los depositamos en el CEAMSE y extraemos el agua de napas en un 80%. El aire no está mejor, con el Polo Petroquímico tan cerca. En ninguno de los casos vemos intenciones de por lo menos a largo plazo ir mejorando.

4- Gestionar de modo eficiente la movilidad urbana: este punto es clave en el funcionamiento de la ciudad. En la medida que sigamos concentrando actividades el fenómeno de la movilidad, será cada vez mas dramático. Además de fomentar diversos sistemas de movilidad, debemos intentar minimizar su desarrollo a partir de la relocalización de las diversas actividades. Debemos ir a una ciudad pluri céntrica. Además debemos tener un sistema de movilidad donde interactúen diversos sistemas de transporte (multimodal) como así también escalas de infraestructuras de diversas velocidades.

5- Sustentabilidad económica y social: Lograr que nuestra ciudad estructure un PBi a partir de diversas actividades pero entendiendo que el futuro está en la industria del conocimiento. A partir de contar con la UNLP y la UTN , tomando a la región como un todo (incluyendo Berisso y Ensenada) deberíamos repensar la matriz económico-productiva.

¿Cómo será la nueva normalidad? Nadie lo sabe. Lo que ha está dejando este fenómeno global es claro: el siglo XXI como lo imaginamos en el pasado, ha llegado. El futuro está ligado al conocimiento, la sustentabilidad y la integración. Una ciudad de y para todos los habitantes. si hay algo que es claro que nuestros gobernantes tienen que ser capaces de atender el presente pero paralelamente ir pensando la ciudad de los próximos 50 años. Hoy creo que no podemos pensar la ciudad del 2021. 

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