Sector Inmobiliario | 9 jul 2026
tiene protección patrimonial
Venden una joya arquitectónica de Nuñez
La vivienda construida en 1925 integra el patrimonio histórico porteño y volvió a bajar su precio. Conserva el consultorio original del pediatra que la habitó y hoy despierta interés para proyectos comerciales e institucionales. Qué historia encierra y la carta de Juan Domingo Perón.
Pocas propiedades reúnen al mismo tiempo valor arquitectónico, historia familiar y potencial comercial. En una esquina emblemática de Núñez, sobre la avenida Crámer e Iberá, permanece en venta una casona centenaria que acaba de cumplir 101 años y que, pese a una nueva rebaja en su cotización, todavía espera comprador.
La vivienda perteneció durante décadas al médico pediatra Eduardo Mauricio Pereira Ramírez, uno de los profesionales más reconocidos del Hospital Pirovano y una figura muy querida entre los vecinos del barrio. Desde allí atendió durante buena parte de su carrera y ese consultorio aún permanece prácticamente intacto, con parte del mobiliario original, libros y objetos de época que forman parte de la identidad de la propiedad.
Después de permanecer varios años en el mercado, el inmueble volvió a ajustar su valor. En 2022 había salido a la venta cerca de US$960.000. Tras sucesivas retasaciones, hoy se ofrece en US$640.000, una reducción cercana al 33% respecto del precio inicial.
La propiedad conserva protección patrimonial, condición que preserva su fachada y buena parte de su identidad arquitectónica, aunque permite adaptar los espacios interiores para distintos usos. Esa característica amplía el universo de posibles compradores mucho más allá del mercado residencial.
Un pedazo de la historia de Núñez
La casa fue diseñada por el arquitecto Mario Sesana y terminó de construirse en 1925, después de cuatro años de obra. Su arquitectura combina rasgos ingleses con influencias de los Países Bajos, un estilo poco frecuente dentro del paisaje urbano porteño y que todavía conserva buena parte de sus materiales originales.
Sobre un lote en esquina de 157 m2 desarrolla tres plantas, siete ambientes, dos cocheras y cerca de 349 m2 totales. Los pisos de pinotea, las molduras, los vitreaux, las aberturas de madera con vidrio repartido y los techos superiores a los tres metros mantienen el carácter original de la vivienda.
Uno de los espacios que mayor interés genera es el antiguo consultorio del doctor Pereira Ramírez. Allí todavía permanecen muebles, bibliotecas y objetos vinculados con su profesión, un ambiente que funciona como una verdadera cápsula del tiempo y que recuerda la vida cotidiana de quien atendió durante décadas a generaciones de familias porteñas.
La arquitecta Mariana Lucángeli, especialista en Real Estate, destacó que este tipo de inmuebles poseen un valor que trasciende el mercado tradicional. Explicó que las propiedades con identidad patrimonial conservada son cada vez más escasas dentro de la Ciudad y suelen despertar interés entre compradores que buscan edificios con una impronta difícil de replicar mediante una construcción nueva.
Mucho más que una vivienda
Más allá de su historia, la casona ofrece posibilidades de reutilización muy diversas. La protección patrimonial alcanza principalmente la envolvente exterior, por lo que los ambientes interiores pueden adecuarse para diferentes actividades compatibles con las normas urbanísticas.
Lucas Bonillo, del Centro Inmobiliario Bonillo, explicó que la propiedad atravesó varios ajustes de precio hasta llegar al valor actual.
Detalló: “Durante mucho tiempo estuvo publicada cerca de los US$950.000. Después de distintos análisis del mercado decidimos ofrecerla en este nuevo valor, que entendemos representa mejor la realidad actual”.
Según el corredor inmobiliario, la principal fortaleza del inmueble aparece en su enorme exposición urbana. “Es una esquina muy visible y con una arquitectura que inmediatamente llama la atención. Nosotros vemos una veta comercial muy importante porque edificios de estas características prácticamente no existen más”, sostuvo.
Bonillo considera que la casa podría adaptarse a múltiples destinos, desde oficinas profesionales hasta espacios gastronómicos, showrooms, centros culturales, consultorios médicos, institutos educativos o sedes institucionales.
Incluso mencionó que marcas que habitualmente funcionan en casonas restauradas podrían encontrar allí una ubicación estratégica gracias a su fuerte presencia sobre una de las avenidas más transitadas de Núñez.
Quien fue Ramírez
La casona también guarda la historia de uno de los vecinos más recordados de Núñez. Allí vivió durante décadas el médico pediatra y cirujano infantil Eduardo Mauricio Pereira Ramírez, nacido en 1899, quien desarrolló buena parte de su carrera profesional en el Hospital Pirovano y recibió a generaciones de familias en el consultorio que funcionaba dentro de su propia casa.
Los vecinos lo recuerdan por la cercanía con la que atendía a los chicos del barrio y por el vínculo que construyó con cada familia. Tras su fallecimiento, en 1988, sus descendientes decidieron conservar intacto el consultorio, con el escritorio, una decisión que convirtió ese ambiente en una verdadera cápsula del tiempo.
El prestigio del doctor Pereira Ramírez incluso llegó a la Casa Rosada. En 1955, pocos meses antes de ser derrocado, el entonces presidente Juan Domingo Perón le envió una carta manuscrita en reconocimiento a su trayectoria profesional. En el texto escribió: “Me es altamente grato hacerle llegar mi profundo reconocimiento en nombre del pueblo a cuyo servicio deben estar siempre los afanes y el sacrificio de los médicos que son conscientes de su elevada responsabilidad”. La misiva todavía permanece junto al consultorio como parte del patrimonio familiar.
Arquitectura de otra época
El recorrido interior conserva numerosos detalles constructivos imposibles de encontrar en desarrollos actuales.
El acceso principal recibe a los visitantes mediante una gran puerta con vitreaux originales que ilumina naturalmente el hall de distribución. Desde allí parten el living, el comedor y un escritorio, separados por puertas dobles y con pisos originales de pinotea.
Una escalera de madera conduce hacia el primer nivel, donde aparecen tres dormitorios, un amplio estar y un balcón terraza. La planta superior incorpora otros tres dormitorios, nuevas terrazas y balcones que permiten vistas abiertas hacia el barrio.
La cocina y los baños conservan su configuración original, mientras que la estructura, las cubiertas y la zinguería fueron objeto de trabajos de mantenimiento durante los últimos años, preservando la esencia del inmueble.
Lucángeli explicó que la demanda por este tipo de propiedades responde a un perfil muy específico de comprador. Señaló que quienes buscan inmuebles patrimoniales suelen valorar más la singularidad arquitectónica, la ubicación y la historia que el costo de una eventual actualización interior, ya que entienden que se trata de activos prácticamente irrepetibles dentro del mercado porteño.
El desafío de encontrar al comprador adecuado
Aunque el precio descendió de manera significativa respecto del valor inicial, este tipo de inmuebles no suele comercializarse con la velocidad de un departamento tradicional.
El universo de interesados resulta mucho más reducido porque combina compradores residenciales con inversores, empresas e instituciones que buscan edificios con características muy particulares.
A eso se suma la necesidad de respetar las normas patrimoniales, un aspecto que limita determinadas intervenciones, aunque al mismo tiempo garantiza la conservación de uno de los edificios históricos más representativos de ese sector de Núñez.
Para Bonillo, precisamente allí reside el verdadero diferencial de la propiedad. Resumió que no se trata simplemente de una casa antigua, sino de un edificio emblemático con una identidad muy marcada, capaz de transformarse en un espacio comercial o institucional de enorme atractivo sin perder el valor histórico que la distingue.
Fuente: TN
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